Femicidio ¿y después? Sanción de la Ley Brisa

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El pasado miércoles, con 203 votos afirmativos, la Cámara de Diputados de la Nación votó la Ley Brisa que establece la creación de un régimen de reparación económica para las niñas, niños y adolescentes cuyo progenitor haya sido procesado y/o condenado como autor, coautor, instigador o cómplice del delito de homicidio contra su otro progenitor.

La reparación, que comienza a regir desde el momento del procesamiento del culpable, consiste en un haber jubilatorio mínimo mensual, con sus incrementos móviles, y está destinado a personas menores de 21 años o con discapacidad, siendo retroactiva al momento de la comisión del crimen. Cabe destacar que no tiene un efecto indemnizatorio: se extingue cuando las «víctimas colaterales», es decir, los hijos de las víctimas fatales de femicidios, cumplen los 21 años.  

 

Mamá no está, papá está preso… ¿qué pasa con los niños?

Daiana Barrionuevo tenía mellizos. Embarazada de 8 meses, perdió a su bebé. Tiempo después tuvo a Brisa, y no la dejaba ni a sol ni a sombra. Tal vez por eso hizo ruido que, cuando desapareció, el papá de los pequeños argumentara que ella se había ido con un amante. Este hombre lloró a la par de la familia los 20 días de aquel enero de 2015 en el que se la buscó intensamente. Luego: la verdad. Estando Brisa en pañales y sus hermanitos a una semana de cumplir siete años apareció el cuerpo de Daiana asesinado por Iván Adalberto Rodríguez, padre de los tres chicos, quien el año pasado fue condenado a prisión perpetua por dicho homicidio

 

Los tres niños de la noche a la mañana pasaron a tener a su mamá muerta y a su papá preso de por vida. Fueron con los abuelos maternos pero la situación se volvió insostenible por los escasos recursos de éstos, por lo que finalmente los llevaron con su tía Cintia, hermana de Daiana, que tenía 29 años, tres hijos y vivía en una casa muy precaria.

 

A partir de entonces y por más de un año la situación fue crítica, casi de hacinamiento. El compañero de Cintia, de profesión marmolero, sostenía seis niños y nada era suficiente. El periodista Maximiliano Montenegro le dio visibilidad al caso, que fue tomado por la ONG «La Casa del Encuentro», quienes redactaron el texto de la Ley. Gracias a todo esto, durante los trámites y hasta llegar a esta sanción, la familia recibió donaciones de chapas y demás que al menos les permitieron hacer una habitación en la que duermen los niños. Brisa, única niña, aun comparte la pieza con su tía. 

 

El caso de Brisa se volvió emblema y puso nombre a una situación que se da con cada uno de los femicidios en los que la víctima, además, es madre. Niños que deben ensamblarse a familias que muchas veces no tienen los recursos, espacios ni preparación psicológica para recibirlos. Brisa llegó a vivir con Cintia siendo poco más que un bebé, y al día de hoy, tal como lo narra su tía, no sabe muy bien quién es su mamá ni porqué los «hermanitos» con los que vive tienen un apellido unos y otro apellido otros. Nadie explicó a esa joven de 29 años cómo lidiar con eso, y es el día de hoy que aún no sabe cómo afrontarlo. 

 

Estas «víctimas colaterales» de los femicidas el pasado miércoles lograron un avance para mejorar lo que será la calidad de vida que tienen por delante. Falta mucho aun, pero es un paso. Las voces que nos levantamos día a día clamando por #NiUnaMenos tenemos con estos niños una tarea que no se termina con un apoyo económico, eso está claro. Pero la condición de Cintia, Brisa, sus hermanitos y todas las familias que atraviesan como pueden esta situación, al menos, tiene un alivio. 

 

#LaLuchaEnLaCalle #Agmer #NiUnaMenos