EL 2016 EN EDUCACIÓN: ALTO AÑITO DE 15 MESES.

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Por César Pibernus

En Educación, el 2016 resultará un año particularmente largo, pues contará con una excepcional extensión de 15 meses. Contradiciendo las restricciones gregorianas, empezó a principios de diciembre del 2015 con las convocatorias del gobierno recién asumido –unos días antes de las inundaciones– y podría terminar a fines de febrero próximo, si el CGE cumple los plazos que previó para los concursos ordinarios y la descategorización de escuelas.

Así, el 2017 empezará el 1 de enero y convivirá, al menos, durante dos meses con el tardío cierre del 2016. Es una situación que el mismo gobierno produjo ante el delicado escenario de nuestra la educación entrerriana y la presión que ejerce la docencia: apuró en 2015 una reunión con los sindicatos por la candente demanda y optó por estirar los tiempos hasta 2017 de esas dos acciones, ante la falta de condiciones para realizarlas antes de diciembre.

Lamentablemente, la Declaración de Purmamarca sirvió de marco general para las políticas educativa de la provincia. Una declaración que anticipó avanzadas repudiables como las aplicadas contra el Programa de Educación Sexual Integral, los Programa Socioeducativos o el Programa Nacional de Formación Docente “Nuestra Escuela” y en favor de las pruebas estandarizadas, profundizadas por expresiones como las que identificaron la gestión nacional de educación con la “conquista del Desierto”, para citar sólo una entre tantas.

La agenda provincial está estancada, más allá de las resoluciones coyunturales, y sigue sumando temas. En lo salarial, lo acordado en marzo –nuevamente ante un juez laboral– levantó presión todo el año y lo seguirá haciendo durante el verano: un aumento en dos tramos, por debajo de la inflación, con nuevos incrementos en negro, sin reapertura a mediados de año, ni doble medio aguinaldo. La zozobra del nuevo sistema que liquida sueldos docentes fue la amarga frutillita de semejante postre.

La versión del “segundo semestre” que desplegó el CGE fue terrible. Un paisaje en el que se destacan la descategorización a mansalva de escuelas primarias –bajo los repudiados parámetros de los noventa– y las novedosas formas de perseguir a los huelguistas a través del SAGE. Al cabo, los parámetros de la descategorización fueron aplicados, salvando algunas escuelas de la nómina, extendiendo el cronograma del recorte y prometiendo criterios más justos para otra oportunidad. A su vez, el nuevo manual de información administrativa sólo es aplicado para informar los paros, pues el resto de lo allí dispuesto es impracticable. Tras las amenazas iniciales, el CGE no avanzó en sanciones aunque sí ejecutó terribles descuentos sobre los trabajadores.

El gobierno no pudo enfrentarnos con el resto de los entrerrianos, entonces el CGE prefirió no fogonear ese choque –que fue la fórmula preferida de Urribarri– y, en cambio, cargó aún más de tensiones en el seno del sistema, para que el conflicto recrudezca entre trabajadores de la educación, entre supervisores, directores, docentes y no docentes. Una decisión que puede ser peligrosa, si juzgamos los parciales resultados que obtuvo, cómo alimentó el conflicto hasta entrado diciembre y las veces que “reculó en chancletas” sobre decisiones que había presentado como indiscutibles, para no extendernos sobre las veces que debió “escapar para adelante”, a pesar de las consecuencias calendarias.

En tiempos de ajuste vestido de “gobernabilidad”, da la impresión que el gobierno intentó aplicar su política educativa sin que el cirujano se ponga de acuerdo con el anestesista, pues si no llegaba borracho uno lo hacía el otro, cuando no faltaban los dos al quedar enredados en la misma sobremesa. Llegamos a ver cómo el CGE decidió desconvocar cargos tras un pedido de los legisladores de Cambiemos, cómo justificó la persecución por los días de clases perdidos para luego acortar el ciclo lectivo con una circular, cómo el Presidente el CGE ninguneaba a Yohana Fucks mientras Bordet y Frigerio la visitaban en su casa… Hasta las declaraciones del ministro Urribarri sobre el sistema previsional entrerriano agitaron las sensibles aguas de un diciembre sobre el que la mayoría de la clase política no quería ni soplar, porque debía parecerse a esos domingos sin fútbol que aburrían a Cafiero.

Fue en 2016 cuando se incendió una escuela a la vuelta del CGE, la escuela de una comunidad que había gastado la calle reclamando por condiciones infraestructurales dignas. Hasta aquella viejísima frase que afirma “dios existe en todos lados, pero atiende en la capital” quedó chamuscada por el incendio que transitamos y por las llamas que, particularmente, tomaron la Escuela Rivadavia.

Repetimos lo que dijimos hace casi 13 meses e insistiremos: el CGE no puede ser conducido de esta forma.

La docencia se mostró firme y atenta ante esta situación, respondió con casi veinte días de paro, asambleas públicas y en los puestos de trabajo, volanteadas, acciones provinciales y hasta un corte de la autovía 14. Y las cosas están como están. Empeoran los tiempos para aquellos dirigentes que analizan el clima social mirando su propio hemograma. Deberían dejar de hacerlo antes de terminar buscando respuestas en los resultados de su endoscopía o en un Holter. En definitiva, fue un año sin elecciones y en el que existió esa tolerancia ante casi cualquier gobierno que suele llamarse “los 100 días”. Aunque todos deseamos lo contrario, el 2017 tendrá condiciones más ajustadas, se achicarán los márgenes de error en problemáticas tan delicadas como las educativas y, encima, empezará antes de que termine el 2016.

Los docentes tienen esto en claro desde hace rato y sin ir al bioquímico. Lo ven en los comedores escolares y en sus bolsillos, en la incertidumbre que generaron las malas liquidaciones y en cómo, a pesar de los descuentos y amenazas, fueron al paro. Las escuelas, junto al sistema sanitario entrerriano, están entre los puntos más calientes en que dialogan ciudadanía y políticas públicas, son la experiencia más contundentemente presencial y masivamente movilizadora de nuestra provincia.

Las comunidades respondieron a la inaceptable descategorización abrazando las escuelas, tomando las departamentales, saliendo a la calle y cortando rutas. Allí hay una postal imborrable que honra la fortaleza de los trabajadores, sean docentes o no, y que debería llegar a la agenda educativa del gobierno entrerriano. Porque son solidaridades que han ganado la calle y, si no hay respuestas, lo seguirán haciendo.